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viernes, 9 de mayo de 2014

 Rusia se lanzará a la conquista de la Luna en 2030

Izvestia


12:54 08/05/2014
Rusia ha diseñado un “programa lunar” que prevé la colonización del satélite de la Tierra a partir de 2030 y la creación en su superficie de una base permanente para investigaciones y extracción de minerales, escribe hoy el diario Izvestia.
Según destaca el periódico, la respectiva declaración hecha el pasado 12 de abril, el Día de la Cosmonáutica, por el viceprimer ministro ruso Dmitri Rogozin, tiene una base sólida. El “programa lunar” fue desarrollado conjuntamente por la Academia de las Ciencias de Rusia, la agencia espacial Roscosmos y la Universidad Estatal de Moscú.
Los autores del proyecto no descartan la participación de inversores privados.
Las expediciones anteriores a la Luna permitieron averiguar que el satélite cuenta con reservas de aluminio, hierro, titanio y otros minerales.
“Después de que las investigaciones geológicas en la Luna permitan contar con datos científicos acerca de minerales concretos y en los elementos que contienen, se elaborará un informe para justificar su extracción, procesamiento y traslado a la Tierra”, dicen los autores del programa.
Al mismo tiempo, según Iván Moiséev, experto del Instituto de la Política Espacial, no es rentable importar minerales de la Luna, incluso si se trata de diamantes.
Mientras, Andréi Ionin, de la Academia rusa de la Cosmonáutica, los proyectos tan grandes como la colonización del Marte y la Luna no pueden realizarse con fondos públicos.
“Es difícil imaginar que algún país quiera gastar billones en creación de bases lunares, cuando seguramente tiene otros asuntos pendientes como la medicina, la educación, el Ejército”, indicó.
En su opinión, nadie “en su sano juicio” podrá desviar la financiación de los programas sociales para emplearla en proyectos lunares. “No es realista”, resumió.
fuente: www.ria.ru

jueves, 8 de mayo de 2014

Crean comando especial para controlar vuelos sobre el espacio aéreo

Por: Edgardo Aguilera


A tono con la tendencia en la región, el Gobierno creó el Comando Subordinado Aeroespacial (CSA) con el objetivo de establecer y regular acciones y procedimientos para el control, la vigilancia y la defensa del espacio aéreo nacional en ejercicio de su soberanía. Extraña denominación la de "comando subordinado" que enfatiza una cualidad inmanente a la función.

Bolivia puso en vigencia el suyo denominado Comando de Defensa Aeroespacial en abril pasado, Venezuela lo tiene desde 2012 con el nombre de Comando de Defensa Aeroespacial Integral. 

La aparición de este nuevo comando con asiento en la Ciudad de Buenos Aires responde, entre otras cosas, a una prevención global que surgió tras el ataque en los Estados Unidos a las Torres Gemelas y al Pentágono. El episodio mostró al mundo cómo con vuelos furtivos se puede poner en jaque al poder central (Gobierno) de un país. Contribuyó también la urgencia de un dato alarmante vinculado al narcotráfico que brindaron el secretario de Seguridad, Sergio Berni, y la ministra Cecilia Rodríguez ante la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Órganos y Actividades de Seguridad Interior: "Tenemos relevadas 500 pistas clandestinas", dijo Berni. La sospecha de los organismos de inteligencia no atribuye la utilización de esas pistas sólo al tráfico de estupefacientes. 

La decisión política de avanzar en ese camino quedó plasmada en la Resolución Nº 230 firmada por el ministro de Defensa, Agustín Rossi. En los fundamentos que dieron origen al CSA se cita el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial, creado en 2004 por el Decreto N° 1.407, cuyo objetivo es salvaguardar los intereses vitales de la Nación. Al amparo de ese decreto surgió luego el Plan de Radarización, con el propósito de dotar a la Fuerza Aérea de los equipos necesarios para establecer un paraguas de detección radar a lo largo de todo el país. En ese marco se estableció el operativo Fortín II de las Fuerzas Armadas en el noreste y el noroeste, contribuyente al Plan Escudo Norte del Ministerio de Seguridad de combate al narcotráfico, contrabando de mercaderías y tráfico de personas. 

La misión del flamante Comando Subordinado Aeroespacial (CSA) es "ejecutar las operaciones de vigilancia y control que el Poder Ejecutivo disponga desplegar", dice la norma. 

Contrario sensu al tenor y el ambiente donde se desarrollan esas operaciones que son de exclusiva competencia de la Fuerza Aérea, el nuevo organismo quedó dentro de la estructura del Estado Mayor Conjunto (EMC) cuyo jefe es el general Luis María Carena y subordinado al comandante operacional del Estado Mayor Conjunto, cargo que ejerce el general de Aviación del Ejército, Ricardo Cundom. El texto establece que el puesto de CSA será ocupado por un oficial superior de la Fuerza Aérea. Si se mira con el prisma de la distribución del poder interno se diría que el Ejército suma un espacio más al que ganó en el área de inteligencia el teniente general César Milani, titular del arma. El general Carena estudia legajos de los posibles candidatos de la Fuerza Aérea que aspiran al nuevo comando.

La Argentina fue pionera en este tipo de estructura, disponía de un Comando de Defensa Aérea con aviones Mirage M 3 basados en Moreno listos a intervenir ante cualquier incursión del espacio aéreo en el área central del país con foco en Buenos Aires, en resguardo de los centros de poder político. Fue disuelto en el marco de la reestructuración militar que lanzó el entonces presidente Raúl Alfonsín, los Mirage se redesplegaron a Tandil, donde aún tienen su base. 

El CSA verá la luz -si se aprueba el presupuesto y su orgánica- en 90 días, que se cumplen a principios de junio. La puesta en vigencia reabrirá un debate: la Argentina carece de ley de interceptación (mal llamada de derribo), instrumento legal que en esencia fija los procedimientos de interceptación de una aeronave con el propósito de identificarla, brindarle ayuda, obligarla a retornar a su ruta u obligarla a aterrizar. En última instancia, agotadas las medidas preventivas, disuasivas y coercitivas, previa advertencia, se acude al empleo de las armas.
fuente: www.ambito.com

miércoles, 7 de noviembre de 2012


Intentan saber dónde está la sonda Voyager 1

Los científicos no saben si está fuera o dentro del Sistema Solar. En abril pasado, entró en una área de "inactividad".



La sonda Voyager 1, el objeto espacial que ha llegado más lejos de la Tierra, llegó al espacio interestelar o una "nueva estructura" desconocida hasta ahora y que se encontraría justo antes de salir del Sistema Solar, confirmó hoy el responsable científico de esta misión Edward Stone.
"Queremos ser muy cautos. Creemos que en las próximas semanas, probablemente en diciembre, podremos decir si estamos fuera (del Sistema Solar) o dentro, pero en todo caso en una región bien conectada al exterior", sostuvo el científico en una conferencia pública que ofreció en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN), en Ginebra.
Para obtener una respuesta definitiva, el equipo científico de la Voyager 1 debe seguir midiendo de manera exacta la dirección del campo magnético, que varía dependiendo de la ubicación -fuera o dentro del Sistema Solar- de la sonda, explicó a Efe tras la conferencia.
Lo que es seguro es que el pasado abril la Voyager 1 entró en una área llamada por los científicos de "inactividad" y que desde finales de agosto la sonda se encuentra seguramente "en una zona conectada al exterior o quizás ya en el exterior", dijo Stone, refiriéndose al medio interestelar, que es el espacio entre las estrellas.
Sin respuesta definitiva. En la parte final de la conferencia dedicada a las preguntas del público, Stone tuvo que volver varias veces a la cuestión de si la sonda realmente ha conseguido salir del Sistema Solar, pero insistió en que ahora no se puede dar una respuesta definitiva.
La Voyager 1 fue lanzada en septiembre de 1977 y es la misión espacial que más tiempo ha conseguido mantenerse activa y más lejos ha logrado llegar, ubicándose actualmente a una distancia de 18.200 millones de kilómetros del Sol.
Además, desde su lanzamiento envía información a la Tierra a través de transmisiones de radio.
Antes de dirigirse hacia el espacio interestelar, esa sonda pasó por Júpiter (1979) y Saturno (1980), dos planetas sobre los que aportó información nueva y valiosa, como el descubrimiento en el primero del único volcán activo fuera de la Tierra.
La Voyager 2, la sonda "gemela" en esta misión, consiguió llegar a Urano (1986) y Neptuno (1989) y fue fundamental en determinar que el primer planeta está inclinado sobre un lado y que su atmósfera cuenta con energía mínima, mientras que en el segundo se observaron vientos solares más rápidos que los conocidos.
fuente: www.lavoz.com.ar

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